De ingerir matarratas a Comandante de Operaciones Combinadas

Situémonos en plena segunda guerra mundial, concretamente al final de la campaña africana, momento en el que el bando aliado empieza a mirar al continente europeo. El salto hacia Italia tiene como trampolín , Sicilia. Esto lo sabían los alemanes también, por lo que la isla estaba bien pertrechada, incluso contaba con su propio aeródromo, ampliamente usado contra la inexpugnable Malta.

 

El primer problema de esta operación, era que empezar a concentrar las tropas y equipo necesarios, no pasaría desapercibido para los alemanes. La solución pasaba pues, por engañar con el objetivo de tal movilización.

Unos meses antes, un capitan de la RAF, Charles Cholmondeley, tuvo la idea de lanzar una radio junto al cadáver del supuesto operador, en Francia. Al cadáver le colocarían un paracaídas mal abierto. La idea se desecho por impracticable.

 

Tiempo después, el capitan de corbeta, Ewen Montagu, oficial de inteligencia, recupero la idea y empezo a estudiarla.

 

 

La idea de usar un cadáver con documentos, no era nueva, se sabe al menos dos ocasiones donde fue utilizada

En agosto de 1942, se utilizó un cadáver  antes de la batalla de Alam Halfa. Dicho cadaver llevaba un mapa y fue abandonado en un vehículo de exploración que había explotado en un campo de minas que se encontraba frente a la 80ª División Ligera, justo al sur de Quaret el Abd. En el mapa se señalaba la posición de campos de minas aliados inexistentes. Los alemanes encontraron el vehículo y cayeron en la trampa. Los Panzer de Rommel, para evitar esos inexistentes campos minados, fueron dirigidos a áreas de arena suelta, en donde quedaron atrapados.

El segundo incidente no fue intencionado, pero sirvió como antecedente. En septiembre del 42 , se estrelló en aguas de Cádiz, un correo llamado «Paymaster. El cuerpo apareció en una playa cerca de Punta Umbría, Huelva. Las autoridades españolas recuperaron el cuerpo. Llevaba una carta del general Mark Clark para el gobernador de Gibraltar en la que le daba los nombres de los agentes franceses en el norte de África y le decía que el 4 de noviembre se efectuaría el desembarco de la Operación Torch, que empezó el 8 de noviembre. Cuando el cuerpo fue devuelto a las autoridades aliadas todavía llevaba la carta y los expertos determinaron que no había sido abierta. Por supuesto, los alemanes tenían medios para leer la carta sin abrirla, pero, si lo hicieron, no aceptaron la información como verídica y no tomaron ninguna medida en relación con esa información.

 

Conocidos estos antecedentes, empezó con su equipo, a considerar que tipo de documentos llevaría un hombre que falleciese por fallo del paracaídas. Los alemanes sabían que los aliados jamas enviarían documentación delicada en vuelos sobre territorio enemigo, pensaron que la única opción creíble seria un accidente aéreo sobre el mar. Esto explicaría que el cadáver llevase varios días en el mar, y al tiempo, explicaba que pudiese portar documentos de alta clasificación. El nombre de la operación se debe al peculiar sentido del humor de Montagu, operación Mincemeat (Carne picada).

Montagu y su equipo, necesitaban un cadáver. Determinaron que la edad tipo debería ser unos 35 años, consultaron también a un reconocido patólogo de la época , para ver que síntomas serian los lógicos para un cuerpo que llevase días en el mar. Localizaron discretamente gracias a la mediación del encargado de la morge del hospital de St.Pancras, a un hombre de 34 años que había fallecido por una neumonía producida químicamente al ingerir matarratas. El encharcamiento de los pulmones coincidía con el hecho de haber permanecido flotando mucho tiempo. Ya tenían el cadáver. Por supuesto la familia ni fue preguntada ni informada.

 

Ahora había que crear una identidad. El cadáver, ahora se llamaba William Martin, y acababa de ascender inmediatamente a capitán, eventualmente habilitado como comandante. Nació en Cardiff, Gales, allá por el año 1907. pertenecía al cuartel General de Operaciones Combinadas.  Con una graduación inferior, no hubiese podido llevar documentos de tan alto grado de clasificación, pero la edad podía suponer ser un problema, de ahí la habilitacion. Asi daba la impresión de ser un oficial de confianza y muy responsable.

Le inventaron una novia, Pam (en realidad una funcionaria del MI5), completando con unas fotos y cartas de amor. Tambien incluyeron entre sus pertenencias un juego de llaves, entradas de teatro recientes, facturas de alojamiento de su club en Londres , etc. Para reforzar el engaño, decidieron dejar ver que era algo descuidado, con alguna factura sin agar, una tarjeta de identidad duplicada para reemplazar otra perdida, algún pase caducado del cuartel general de operaciones, incluso una carta del banco ,por un descubierto en su cuenta de “£17 19s 11d“. Aunque ingesioso, era arriesgado, ya que existía que la inteligencia alemana, no considerase creíble la idoneidad del oficial para transportar tales documentos de tan alto secreto, pero Montagu contaba con la frustración de los alemanes por no haber aprovechado la información del avión que se estrello en aguas de Cadiz.

También había que justificar que cuerpo y documentos fuesen recuperados juntos, asi el comandante Martin llevaría una cadena alrededor de su gabardina a la que iría amarrado el maletín. Dando asi la impresion de ser una persona que pretendía estar cómoda en un lago vuelo, pero a la vez, ser responsable de la documentacion.

Mientras el equipo de Montagu creaba la falsa identidad, también se estaban creando los documentos que harían creer a los alemanes de que el desembarco se iba a efectuar en algun sitio, que no fuese Sicilia. Presentaron Cerdeña como paso previo al desembarco en el sur de Francia, y después un gran desembarco en Grecia por los Balcanes.

Para reforzar la naturalidad de la operación, nuestro oficial, no llevaría los planes secretos en documentos oficiales, sino que serian mediante una carta personal del teniente general Sir Archibald Nye, Segundo Jefe del Estado Mayor General Imperial al general Sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África, donde se le decía off-the record que habría dos operaciones. Alexander atacaría Córcega y Cerdeña, mientras el general Sir Henry Wilson lo haría en Grecia, dando a esta falsa operación el nombre de «Operation Husky», que era el nombre real de la operación de desembarco en Sicilia.

 

 

Por si fuera poco, en una jugada maestra de psicología inversa, la carta alertaba de que se estaban elaborando planes para engañar a los alemanes y convencerlos de que el desembarco ser haria en Sicilia.

Los alemanes deberían tener la impresión de que se enfrentaban a fuerzas lo bastante potentes como para efectuar dos grandes operaciones simultaneas, viéndose obligados a dispersar sus fuerza.

 

Para resaltar el carácter sensible de la carta y establecer la cualificación del comandante Martin para viajar al norte de África, Montagu incluyó otra carta de Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas al almirante Sir Andrew Cunningham, Comandante en Jefe del Mediterráneo, en la que Mountbatten ensalzaba la experiencia del comandante Martin en operaciones anfibias; y, aún más importante, Mountbatten decía a Cunningham que Martin llevaba una carta demasiado importante para ser enviada por los canales normales, lo que explicaba la necesidad del vuelo de Martin. La carta también decía que el blanco para la invasión sería Cerdeña.

Comienza la operacion

El comandante Martin fue puesto en un contenedor estanco y sellado conservado en hielo seco y vestido con su uniforme de Royal Marines. Cholmondeley y Montagu alquilaron un coche para entregarlo en Holy Loch, Escocia, y lo embarcaron en el submarino británico HMS Seraph. Montagu había preparado esto con el almirante Barry, que tenía los submarinos bajo su mando. Barry sugirió el Seraph, que en ese momento estaba disponible. Fue casualidad que su comandante, el teniente de navío Norman L.A. (Bill) Jewell y la tripulación tuviesen experiencia previa en operaciones especiales.

El 19 de abril de 1943 el Seraph navegó hasta una posición una milla al sur de Huelva, en la costa española. Se seleccionó esta posición porque España, aunque oficialmente neutral, simpatizaba con las potencias del Eje y estaba repleta de agentes de la Abwehr (inteligencia alemana). También se sabía que en Huelva había agentes alemanes muy activos y que tenían muy buenos contactos con las autoridades españolas.

A las 04:30 del 30 de abril, el teniente de navío Jewell ordenó a su tripulación subir el contenedor a la cubierta del submarino en superficie. Antes había dicho a su gente que iba a desplegar un sistema meteorológico altamente secreto y ordenó a todos permanecer bajo cubierta. Reunió a sus oficiales, les explicó los detalles de la operación y les exigió mantener el secreto. Después, abrieron el contenedor, pusieron el chaleco salvavidas al comandante Martin y le ataron el maletín con los documentos; rezaron el salmo 39 y pusieron suavemente el cadáver en el agua para que la corriente lo arrastrase hacia tierra. Una vez terminado, Jewell puso un mensaje al «Comité de los Veinte» diciendo «MINCEMEAT completed».

El cuerpo fue descubierto a las 07:30 en la playa de El Portil, por un pescador de Punta Umbría de origen portugués, José Antonio Rey María, que lo llevó al puerto e informó a las autoridades españolas. La Abwehr local, representada por el técnico en agricultura alemán Adolf Clauss, tuvo conocimiento inmediato del descubrimiento.

 

A los tres días, el comité recibía un telegrama del agregado naval con la noticia del descubrimiento del cadáver. El cuerpo del comandante Martin fue entregado al vicecónsul británico F. K. Hazeldene y fue enterrado con honores militares el 4 de mayo en el cementerio de Huelva.

El vicecónsul acordó con el forense Eduardo del Torno redactar el informe post mortem en el sanatorio de Huelva, próximo al cementerio. Se informó de que el hombre había caído al agua con vida, que no tenía golpes, que había muerto ahogado y que el cuerpo estaba en el agua desde hacía entre tres y cinco días. El forense no hizo una autopsia completa al creer que el comandante Martin era católico, porque llevaba al cuello —otro toque de Montagu— una cadena con una cruz de plata.

Mientras, Montagu decidió incluir el nombre del comandante Martin en la siguiente lista de bajas británicas que, un mes más tarde, fue publicada en el Times, sabiendo que los alemanes la iban a leer para confirmar el fallecimiento. Casualmente, también estaban en la lista dos oficiales que habían fallecido al estrellarse su avión en la mar, cuando iban hacia Gibraltar, lo que aumentaba la credibilidad de la «historia» del comandante Martin. Para reforzar el engaño, se mandaron una serie de mensajes urgentes del Almirantazgo al agregado naval británico en Madrid pidiéndole la devolución a cualquier precio de los documentos encontrados con el cuerpo, debido a su contenido altamente sensible —todo esto cifrado con una clave de bajo nivel—, para alertar a las autoridades españolas sobre su importancia. Los documentos fueron devueltos el 13 de mayo, asegurando que no faltaba nada.

Pero antes los alemanes habían oído hablar del descubrimiento de los documentos y, no sin cierta dificultad, el agente local de la Abwehr consiguió hacerse con ellos. Los alemanes abrieron cuidadosamente el maletín y fotografiaron todo su contenido. Después, el maletín fue entregado a los británicos por las autoridades españolas. Las fotografías se enviaron urgentemente a Berlín, donde fueron evaluadas por la inteligencia alemana.

Cuando el cuerpo del comandante Martin fue devuelto y se comprobó la documentación, los británicos vieron que había sido leída y vuelta a guardar cuidadosamente. La confirmación posterior obtenida por medio de «ULTRA» hizo que se enviase un telegrama a Winston Churchill, que estaba en Estados Unidos, diciendo: «Mincemeat Swallowed Whole» («Se han tragado toda la carne picada»).

Los alemanes se habían tragado totalmente el engaño: anzuelo, línea y flotador. Todo el cuidado que Montagu y su equipo habían puesto para establecer la identidad de Martin había sido rentable.

Hitler quedó tan convencido de la autenticidad de los falsos documentos que discrepaba de Mussolini en cuanto a que Sicilia era el punto más probable para la invasión, insistiendo en que cualquier incursión sobre la isla debía considerarse parte de un plan de engaño y que el ataque principal sería en cualquier otro lugar. Hitler dio órdenes para reforzar Córcega y Cerdeña, y envió al mariscal Rommel a Atenas para formar un grupo de ejércitos. Los buques patrulleros, minadores y dragaminas asignados a la defensa de Sicilia se mandaron a otros lugares. Pero la decisión más crítica fue probablemente el envío de dos divisiones Panzer del frente ruso a Grecia, justo en el momento en que se estaban preparando para atacar a los rusos en la batalla de Kursk.

La Operación Husky empezó el 9 de julio, cuando los Aliados atacaron Sicilia por el sur. Pero los efectos de la Operación Mincemeat duraron todavía dos semanas, ya que los alemanes seguían convencidos de que era una finta y que el ataque principal sería en Cerdeña o en Grecia. Como resultado, la conquista de Sicilia encontró relativamente poca resistencia y se completó el 9 de agosto. Además, la caída de Palermo, a mediados de julio provocó, el 27 de julio, un golpe de estado que apartó a Mussolini del poder.

 

¿Quién era el comandante Martin?

El hombre al que se conoció como «comandante Martin» sigue enterrado en el cementerio de Huelva. Al convertirse «Mincemeat» en una leyenda, seguía el interrogante sobre la identidad de ese hombre.

Según pasaron algunos años después de que apareciera el cadáver del comandante Martin, se extendió el rumor que este hombre era o había sido un vagabundo londinense que había fallecido por pulmonía y que, tras comprobarse que no tenía familiares que reclamaran el cadáver, se decidió utilizar éste para dicho propósito.

En 1996 el ejército británico desclasificó algunos documentos relativos al hecho. La identidad de Martin se ha asociado desde entonces a la del mendigo galés Glyndwr Michael, pero también a la de un posible náufrago. En 1996 un historiador aficionado llamado Roger Morgan encontró evidencias de que Martin fue un alcohólico vagabundo galés llamado Glyndwr Michael que murió por ingerir veneno para ratas, aunque no se sabe cómo ni por qué lo ingirió.

La lápida del cementerio de Huelva lleva el nombre de «William Martin» quien, con su muerte, salvó miles de vidas y cambió el curso de la guerra. Posteriormente se ha añadido el nombre de Glyndwr Michael como reconocimiento a su labor.

En cuanto a Ewen Montagu, por su participación en la Operación Mincemeat se le concedió la Orden del Imperio Británico. Se convirtió más tarde en Judge Advocate of the Fleet. En 1953 escribió un libro sobre la operación titulado El hombre que nunca existió que fue llevado al cine poco después

La conexión con el HMS Dasher

Imagen de la tumba de William Martin, y debajo su inscripción en inglés.

En su libro Los secretos del HMS Dasher, portaaviones británico que se hundió por accidente en la guerra y cuyo accidente se ocultó al público para no minar la moral, los escritores John y Noreen dicen que el cuerpo que se dejó en la mar frente a Huelva no era el de Glyndwr sino el de una de las víctimas del accidente del Dasher. Lo razonan exponiendo que el cuerpo del vagabundo se «adquirió» en enero de 1943 y tenía que haberse descompuesto, incluso conservado en hielo. Se preguntan por qué el submarino HMS Seraph recibió órdenes para ir a la costa este de Escocia, hacia el norte, y luego para ir hacia el sur, al Firth of Clyde, lugar del accidente del Dasher. Habría sido más lógico que Montagu hubiese llevado directamente el cadáver al puerto de Blyth, donde estaba amarrado el Seraph. La teoría de estos escritores es que se necesitaba un nuevo cuerpo para el éxito de la operación, dado que el cuerpo original se había descompuesto hasta el punto de no ser utilizable y que el contenedor que Montagu llevó a Holy Loch estaba vacío. La tesis de que se trató de un tripulante del Dasher fue también sostenida por otros autores, por lo que continúa el misterio del «hombre que nunca existió».

Recientemente la universidad de Huelva ha publicado un nuevo libro sobre el tema y en él se aportan las pruebas efectuadas por georradar en un nuevo intento de comprobar si realmente la tumba del mayor Martin se encuentra ocupada.

Desde el entierro de «William Martin» siempre hay flores frescas en su tumba. En 2002 se reveló el secreto de quién las colocaba: Isabel Naylor, hija de un trabajador inglés de la Rio Tinto Company Limited, que siguió la tradición que su padre inició cuando ella contaba 14 años. Ha sido condecorada por el gobierno inglés por ello.

 

 

fuente-> wikipedia

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